Dejemos de lado la excentricidad del personaje de Kanye West (1977). Dejemos fuera su persona pública y centrémonos por un momento en su música.

Después de cinco álbumes de estudio esperamos el sexto con ansia. La crítica lo adora. El público lo compra y hace que sus discos se vuelvan de platino. Recibe premios y reconocimientos por todos lados.

Y cada vez que escuchamos un nuevo track nos hace preguntarnos: ¿cómo le hace este cabrón para ser tan bueno?

West comienza como productor, reclutado por otro monstruo como lo es Jay-Z, en el sello Roc-A-Fella Records, y desde esas primeras canciones como son “Takeover” y “Heart of the City”, entre otras, vemos esa maestría para samplear rock, soul, hip hop y más, que harán de Kanye su sello distintivo, como productor y en solitario.

El último disco publicado por Kanye es “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” (2010) en el que nuevamente vuelve a rescatar de todos sus rincones oscuros las influencias con las que se ha ido formando un estilo único.

De este disco, con el cual en muy contadas ocasiones he visto tantas críticas positivas y halagadoras, se ha dicho que es la culminación de sus trabajos anteriores. Y es que es notable escuchar como retoma puntos ya visitados en los anteriores cuatro discos para darles un giro, un upgrade de tal magnitud que pareciera haber compuesto una única obra desde el inicio.

Su próximo disco está anunciado para este año, lo twitteó el 23 de enero: «MY NEW ALBUM COMING THIS SUMMER», con lo que haría la hazaña de publicar tres discos seguidos en menos de un año.