Abrir un álbum de fotos familiar siempre guarda cierta nostalgia por un tiempo perdido. Aunque estén bien resguardados los libros, pareciera que una capa fina de polvo los cubre, los cobija.
Ahora es más fácil vernos bombardeados por aspirantes a fotógrafos que toman ventaja de las facilidades de hacerse con una cámara digital y tirar y tirar y tirar hasta dar con un cuadro logrado.
No es el caso de Katherine Squier.
Para empezar, ella toma sus fotos en filme. Y ya con eso toma una buena distancia de los aspirantes a fotógrafo con los que día a día nos topamos en la web.
El trabajo de Squier es intuitivo. Ella toma el instante preciso donde siente el deseo, la desesperanza, la incomunicación. Espaldas que nos hablan y puntos de fuga donde nos perdemos. La realidad concreta del momento que no volverá.









